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Nuestro proyecto vitícola nace en una tierra de secano, de fuerte carácter y rica historia, donde treinta y ocho hectáreas onduladas de moscatel dorado y aterciopelado Monastrell nos enamoraron hasta los huesos hace ocho años. Sobre ellas construimos día a día nuestro sueño de vida.

Elaboramos vinos de baja intervención, sinceros con el territorio y enraizados en la cultura. Buscamos la máxima expresión de nuestras uvas y practicamos una  agricultura responsable de secano.

La casa de las dos lunas

El edificio de nuestra bodega, que pronto será parte de esta historia, está pensado como un homenaje silencioso a la tierra
que la sustenta: barro cocido, celosías que tamizan la luz, cúpulas cubiertas de un azul ultramar, ese azul profundo que no
pertenece ni al cielo ni al mar, sino que los une como si quisiera rendir homenaje a ambos. Un diálogo permanente con el
paisaje y sus memorias más antiguas, donde celebrar el ancestral rito de las uvas y el vino.

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